La dura vida del empresari@

La dura vida del empresari@

El final de la película lo conocemos todos, ya que salvo en contadas ocasiones, al villano inevitablemente le espera o la cárcel o la muerte, el triunfo del bien sobre el mal. Pues hoy con este post voy a intentar defender al malo de la película, el que siempre va con el caballo más lento y que además siempre tiene la pistola que se queda sin balas: el empresari@. Por lo tanto este va a ser un post genérico que no solo aplica al mundo del turismo.

No voy a intentar equilibrar la balanza con un diálogo objetivo cubriendo las dos caras de la moneda, en otras palabras, no voy a defender los 3.000 y pico pares de zapatos que tenía Imelda Marcos en su vestidor porque eso es una aberración, punto pelota. Seguro que Imelda piensa que son pocos ya que no se puede tirar ni 10 años sin tener que repetir, toda una desgracia que no se la deseo ni a mi peor enemigo, pero dejaremos que sean otros los que apoyen a esta pobre mujer. Algunos diréis que no defiendo al currelas, al que produce hierro y carbón con sus manos en la fábrica, pero la verdad es que nuestra sociedad siempre toma como verdadero su punto de vista frente a la del empresari@: que si me pagan poco, que si me exprimen, que si no me promocionan, que si me prejubilan, que si tengo demasiado estrés, etc. Sí, conocemos todas las quejas y se las hemos oído mil veces al que es más vago que la chaqueta de un guardia y que se tira todo lo que puede de baja con jaquecas indignas de un octogenario.

Y antes de empezar, cuando hablo de empresari@s me refiero a los que tenemos PyMEs, es decir, las micro-empresas, negocios familiares que venden desde gominolas hasta alcaparras y que generan la mayoría del PIB Español y mundial. Aunque a todos nos suenan los pesos pesados del IBEX 35 – los Repsoles, los Iberdrolas, las Telefónicas, etc – la Peluquería Aloha donde me corto el pelo yo o la panadería del barrio regentada por un amigo de mi hermano son el prototipo de empresa que, con sus 25 metros cuadrados de tienda son capaces de crear riqueza y puestos de trabajo a pesar de seguro que alguno por ahí piensa que son la Cruela Deville o el Capitán Garfio a pesar de no raptar ni cachorros ni niños. Vuelvo a recurrir a @kurioso para ilustrar que no es oro todo aquello que brilla:

“Trabajo más de 1670h. Mi paro testimonial, hago 100% de serviciós mínimos, no puedo ponerme enfermo y no hago huelgas ilegales. Soy autónomo.”

Os pongo algunos (tristes) ejemplos que he oído de empresarios a lo largo de los dos últimos años y que ilustran lo difícil que es gestionar correctamente y de manera justa la plantilla de una empresa:

1. Todos pensamos que estamos seguros al volante del coche. Razón: todos pensamos que somos buenos conductores y que el único peligro en las carreteras son los otros conductores. Problema: es imposible que haya malos conductores si todos (pensamos que nosotros mismos) somos buenos al volante. Realidad: solo Fernando Alonso, Hamilton o Schumacher son bueno conductores de verdad, los demás, incluyéndote a ti y a mi, meros aficionados.

En la empresa el que más se queja de su sueldo y que piensa que es una parte vital del negocio puede que en realidad sea un trabajador nefasto: no cierra un contrato, comete más errores que el Apollo 7, posee menos carisma que la Barbie, etc. Al igual que con los conductores, la percepción de uno mismo o autoestima es a menudo muy superior al que tienen otros.

2. El empresari@ gana una pasta. Razón: le paga poco al trabajador y se queda con el resto. Problema: la empresa no siempre gana dinero y muchas veces incluso no cubre costes. Realidad: el empresari@ a menudo se preocupa más de pagar las nóminas que de su propio sueldo.

En resumen, primero se pagan los gastos y los sueldos de los asalariados, y luego, con lo que queda, si es que queda algo, el empresari@ lleva dinero a casa para alimentar a su propia familia. En tiempos buenos nos llega para todos, pero en tiempo malos para cuando me toca repartir lo mío quizás no queden migas en la mesa. Por eso muchos empresari@s deciden que mejor ir de Llanero Solitario para no tener que preocuparse más que de su propia familia: “si hay dinero comemos, si no la hay no comemos, pero eso es mi problema”.

Y por si fuera poco, si quiebra la empresa el asalariado pierde su puesto de trabajo, pero el empresari@ pierde además su inversión y su ilusión en un proyecto en el que ha dedicado tanto dinero como esfuerzo.

3. Todos pensamos que el empresari@ vive como un rey. Razón: se coge vacaciones cuando quiere, sólo coge las tareas interesantes, etc. Problema: el empresari@ tiene la opción de cogerse todas las vacaciones que quiera, pero casi nunca se las coge todas y además curra los sábados, domingos y los festivos, las noches…Realidad: el empresario nunca deja de trabajar, hasta cuando está de vacaciones o en el cine con sus hij@s.

Hay mucho currela por ahí que no pega ni palo al agua y que a la primera se coge la baja, porque se lo merece. Creo que hay que cambiar la palabra merece por “tiene derecho a” o “si realmente las necesita”.

4. Y lo peor de todo, el empleado puede sabotear, mentir, traicionar, ocultar y cambiar de bando. Problema: el empresari@ se tiene que fiar de sus empleados, no le queda más remedio, pero siempre hay manzanas podridas en toda cesta. Realidad: ¿Et tu, Brute?

Con esto no quiero decir ni que todos los empresari@s somos buenos ni que todos los asalariad@s son malos. Por estadística la mitad de cada grupo son buenos y la otra mitad no tan buenos y hay que ser conscientes de ello.

Ánimo empresari@s, ánimo trabajadores, que juntos saldremos de esta crisis, con esfuerzo, trabajo y dedicación.

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