¿Cuánto vale una idea?

¿Cuánto vale una idea?

Por una gomita, como se le conoce en Argentina, o una gominola como le llamamos en España, pagamos 5 céntimos de euro y eso que no es más que azúcar pegado con alguna sustancia tóxica. Por una botella de vino como mínimo dos euritos, aunque la mayoría, a pesar de nuestro paladar de suela de zapato, consideramos que para una buena comida es mejor empezar a partir de los 10 euritos. Para instalar una nueva cadena de música en un hotel estamos dispuestos a invertir miles de euros. Y si se trata de imprimir material promocional, ya sabemos, a 30 céntimos por copia las mil copias nos cuestan 300 euros. Pero, y por una idea, ¿cuánto estamos dispuestos a pagar?

Ese es nuestro gran problema. En Grupo Turiskopio vendemos justo lo más difícil de vender, lo intangible – las ideas – y eso que vemos que muchos de nuestros clientes, ya sean existentes o potenciales, andan más perdidos que un chorizo:

  • Por una parte no tienen claro lo que tienen que promocionar. Lo vemos constantemente en frases como “tengo una pensión bonita con habitaciones a buen precio”. Ya, igual que todas, pero lo que esta pensión tiene y que otras no tienen es una bonita vista al mar, o una terraza espectacular, o en él se hospedaba fulanito de tal, o se come de aupa, etc.
  • Y, por otra parte, no tienen ni idea de cómo venderse. Imagínate, por ejemplo, que viene un escritor que trabaja para el New York Times y quiere saber si en un restaurante X sirven txipirones en su tinta. El susodicho restaurante nos contesta con un triste y solitario “sí”. Aunque la respuesta es 100% correcta, por qué no aprovechar esta ocasión para decorar nuestra respuesta con un “sí, tenemos los mejores txipirones de Bizkaia y hemos ganado varios premios que confirman nuestra gran cocina. Además, se nos conoce por nuestro plato de solomillo con setas a la parrilla con caldo de vino y por tener una de las mejores selecciones de txakoli del mundo”.

Entonces la cosa está clara. Si se trata de algo físico como una gominola no tenemos ninguna duda sobre su precio y para que los enanos nos dejen en paz mientras nos tomamos un café les soltamos un euro para que se compren 20. Pero cuado se trata de pagarle a alguien para hacer una serie de recomendaciones o sugerencias nos volvemos más avaros que el Buscón aunque nos haga más falta que el momento de relax con los peques. Muchas veces nos vemos en situaciones donde:

  • nos piden nuestra opinión o un informe “off the records”, ya sabes, algo sencillito para mejorar mi negocio y tu opinión sobre mi nuevo proyecto GRATIX. Como si el pasarse horas y días pensando en una buena solución no nos costase un GRAN esfuerzo!
  • y nos dicen “si pago 1.000 euros, ¿me aseguras que voy a incrementar mis ventas en 3.000 euros?”. Señores, pero si incluso CR7, el fichaje más caro de la historia, no nos asegura ni un sólo título, pero sí noches de intriga con la Paris Hilton.

Esta situación se resume perfectamente en el título de la teleserie americana de los años 60 “A Penny for your Thoughts“, pero a continuación vamos a justificar nuestro trabajo y el de millones de empresas de marketing y consultoría de todo el mundo que se pasan, al igual que nosotros, un número infinito de horas, ya sea en el currelo, en el comedor o en la piscina pensando en soluciones ingeniosas para sacar chispas a tu hostal o restaurante.

1. Tercera persona: algunas veces hace falta que una tercera persona, una persona independiente y objetiva, nos critique el proyecto o negocio. El caso más claro que se me ocurre es el del edificio del Citibank, uno de los edificios más emblemáticos de Nueva York y que fue construido literalmente encima de una iglesia por lo que tuvieron que modificar su diseño original y elevar la base con una serie de pilares de acero. Pues un año después de su construcción en 1977 un alumno de arquitectura les escribió una carta a los arquitectos felicitándoles por su gran obra y preguntándoles cómo habían solventado el problema de la resistencia de los pilares ante fuertes vientos laterales. La respuesta: “muy buena pregunta, tan buena que nunca nos lo habíamos planteado”.

2. Experiencia: el refrán “La larga experiencia, más que los libros enseña” es muy cierta. Cuando se piden curriculums para cubrir un puesto de trabajo uno de los criterios más importantes es si la persona tiene que saber algo de antemano o si nos vale con un simple título universitario. Esto ratifica que ver, oir, probar y arreglar en múltiples ocasiones nos proporciona unos conocimientos que el recién titulado desconoce a pesar de sus cum laudes.

3. Imaginación: la creatividad, o se nace con ella o no hay nada que hacer. Michael Jordan, Prokofiev, Frida Kahlo, Dostoevsk y Jack Dorsey son ejemplos de personas con un don innato para hacer fácil lo impensable. En el otro extremo están los Poli Díaz o los Mike Tysons del mundo, a quienes no les encargaría ni envolver una caja de gominolas, por si las moscas.

Así que ya lo sabéis:
– para mejorar un negocio a menudo hay que pagar por una idea,
– las ideas cuestan más que un “penny” porque requieren de mucho esfuerzo y materia gris, algo que no todos tenemos,
– a pesar de que en muchas ocasiones nos ayudan a mejorar nuestro negocio, no nos aseguran el éxito, la riqueza y la fama como a CR7 o Paris Hilton, y
– en Grupo Turiskopio tenemos muchas ideas (brillantes).

Imagen destacada bajo licencia CC: Sean MacEntee

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